
Claudio Katz* (especial para ARGENPRESS.info)
Las transformaciones regresivas del neoliberalismo persisten. La
internacionalización productiva se amplía con más localizaciones y
nuevas tecnologías. Hay nuevos tratados de mundialización comercial y la
globalización financiera impide restaurar las viejas regulaciones.
El estancamiento del centro coexiste con el crecimiento asiático en
una etapa que no sigue los parámetros de las Ondas Largas. El
neoliberalismo cerró una crisis pero abrió nuevas contradicciones que
los marxistas explican con tesis compatibles y centradas en el consumo,
la tasa de ganancia y el capital financiero.
Los conflictos entre potencias se desenvuelven resguardando la
solidaridad entre opresores en un marco común del capitalismo
neoliberal. La multipolaridad reordena las relaciones de fuerzas dentro
de ese esquema. No anticipa la resurrección nacional, ni el retorno al
proteccionismo.
El capitalismo actual recrea la estratificación entre el centro, la
semiperiferia y la periferia con avances de una economía a costa de
otra. Es erróneo suponer que funciona bien en los BRICS. El fin del
período actual depende de la acción de los sujetos sociales y no puede
ser fechado.

La destrucción del medio ambiente se acentuó con la recesión. La
competencia impide frenar una auto-destrucción y concertar los costos de
la reconversión verde. Las consecuencias son mayores que en las guerras
del pasado.
El neoliberalismo se mantiene expandiendo el desempleo y la pobreza.
No impuso aplastamientos físicos, pero si el repliegue de los
trabajadores, el debilitamiento de los sindicatos y el cuestionamiento
del ideal socialista. Estos ciclos siempre fueron revertidos, pero las
nuevas luchas no lograron aún modificarlo. Las batallas centrales se
dirimen hoy en Europa.
Las características de la crisis reciente se explican por las
transformaciones ocurridas durante la etapa neoliberal de las últimas
tres décadas. Ese período comenzó con el Thatcherismo, se reforzó con el
desplome de la URSS y persiste en la actualidad atropellando las
conquistas sociales.
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| Privatizar etimológicamente |
Mediante privatizaciones, apertura comercial y flexibilización laboral
el neoliberalismo modificó el funcionamiento del capitalismo. Amplió el
radio sectorial y territorial de la acumulación, sometiendo nuevas
actividades (educación, salud, jubilaciones) y espacios geográficos (ex
países socialistas) al reinado del lucro. Ha incentivado formas de
consumo más segmentadas y modalidades de producción flexible, que
potencian el desempleo, la feminización del trabajo y la polarización de
las calificaciones.
El modelo actual se apoya en el repliegue de los sindicatos y en el
reflujo de las ideas anticapitalistas. Propicia una competencia global
basada en aumentos de la productividad desgajados del salario. Ha
facilitado la recomposición de la tasa de ganancia incrementando la
explotación de los trabajadores.
Las grandes empresas aprovechan las diferencias internacionales de
sueldos para ampliar sus beneficios. Emigran hacia los países que
ofrecen mayor baratura salarial -o utilizan la amenaza de ese traslado-
para acentuar el control patronal del proceso de trabajo. Esta
orientación confirma que las ganancias provienen de la extracción de
plusvalía y que no se avecina el “fin del trabajo”, teorizado por tantos
autores.
El neoliberalismo acentuó la precarización de todas las categorías
profesionales, creando un duro escenario de informalidad laboral. El
aumento de la desigualdad social es una consecuencia de esta regresión.
Polarización social
La enorme expansión de las brechas sociales retrata la ofensiva del
capital. Con sus denuncias de enriquecimiento del 1 % de los
acaudalados, el movimiento de ocupantes de Wall Street puso de relieve
esta fractura. Un documentado libro reciente confirma la magnitud de
esta polarización. Ese trabajo aporta detalladas estimaciones del
aumento de la desigualdad social en 30 países y establece comparaciones
históricas de esta brecha. (1)

El texto destaca que el 1% de la minoría más enriquecida de la población
(equivalente a la crema de la clase capitalista) es poseedora del 25%
del patrimonio total en Europa (2010) y del 35% en Estados Unidos
(2010). El 9% siguiente (que corresponde a los sectores privilegiados,
gerenciales o directivos) detenta el 35% de ese acervo en ambas zonas.
Un 10% de habitantes maneja, por lo tanto, el 60% y 70% del patrimonio
en las dos principales regiones económicas del planeta. En el otro polo
de la sociedad, el 50% más pobre sólo tiene el 5% de ese total y el 40%
restante conforma un sector intermedio, que controla el 35% (Europa) y
el 25% (Estados Unidos) de esa suma.
El estudio también señala que este enriquecimiento se amplió dos o tres
veces más que el PBI durante los últimos 20-30 años, a un ritmo
desconocido desde 1910. Por esta razón algunos super-billonarios, como
la heredera de la empresa francesa L´Oreal incrementaron su fortuna de
2000 a 25.000 millones de dólares en 1990-2010. Lo mismo ocurrió con
Bill Gates.
Estas cifras confirman otras evaluaciones que circularon en los últimos
años para ilustrar esta explosión de desigualdades. Por ejemplo, una
minúscula elite de billonarios detenta el 46% de los activos mundiales y
un puñado de 200.000 “ultra-ricos” aumentó el año pasado su patrimonio
en un monto equivalente al PBI de la India. (2)
Estos datos demuelen todas las justificaciones neoliberales de la brecha
social, como “un precio a pagar por el progreso” o como un “mal
transitorio hasta que finalice el derrame”. También refutan la fantasía
de “erradicar la pobreza mediante el crecimiento”. Los cálculos que
habitualmente presenta el Banco Mundial para demostrar esa reducción se
basan en una burda identificación de las necesidades básicas con la
subsistencia fisiológica. Como miden la pobreza omitiendo su evolución
comparativa frente a la riqueza, registran disminuciones porcentuales de
la miseria que sólo existen en su imaginación. (3)
El aumento de la desigualdad en las economías emergentes se desenvuelve a
un ritmo semejante a los países centrales, confirmando que estas
fracturas no se acortan con el simple crecimiento. En China el 1% más
rico pasó de 4-5% del patrimonio (1980) a 19-11% (2010) y en India del
4% a 12%. La riqueza se ha expandido más rápido que el PBI en las
economías asiáticas ascendentes y en las regiones estancadas de
Occidente. (4)
La estrecha relación entre desigualdad y neoliberalismo se verifica en
la evolución histórica de los desniveles sociales. El pico máximo de la
brecha social se registró a principio del siglo XX, luego descendió en
la posguerra hasta alcanzar a su punto más bajo en 1975 y posteriormente
ha retomado una imparable curva ascendente. Dos contrapesos
tradicionales de esta polarización -la existencia de una clase media y
de estados involucrados en la problemática social- no atenuaron la
fractura creada por el capitalismo neoliberal. (5)
Es muy significativo que los datos más contundentes sobre el incremento
de la desigualdad contemporánea hayan sido aportados por un economista
convencional, crítico de Marx y partidario de mejorar al capitalismo con
tenues reformas en los impuestos y la educación. (6)
Mundialización productiva
La desigualdad se expande junto al salto registrado en la
internacionalización de la economía. Esta mundialización se ha
convertido en un nuevo eje articulador del capitalismo. En la esfera
productiva los protagonistas de este cambio han sido las empresas
transnacionales, que ampliaron la diversificación internacional de los
procesos de fabricación.
Estas firmas aumentaron la elaboración de mercancías “hechas en el
mundo” mediante “cadenas globales de valor”. Desenvuelven su producción
en función de las ventajas que ofrece cada localidad en materia de
salarios, subsidios o disponibilidad de recursos. De esta forma un Ipod
se fabrica actualmente con microcircuitos japoneses, diseño
norteamericano, pantallas planas coreanas y ensamblado chino. (7)
La industria se desplaza al continente asiático para lucrar con salarios
bajos, aprovechando el abaratamiento del transporte y las
comunicaciones. Esta extensión geográfica condujo a una duplicación de
la fuerza de trabajo involucrada en la producción global (1990- 2010).
El porcentaje de asalariados comprometidos en esta actividad
mundializada aumentó un 190% en las economías intermedias y un 46% en
los países desarrollados. (8)

La industria automotriz -que con el fordismo o toyotismo siempre marcó
la tónica de nuevos modelos productivos- ha incrementado su
internacionalización. Fracciona la fabricación de vehículos en
incontables países y ya existen tres casos importantes de
entrelazamiento global de la propiedad (FIAT-Chrysler, Renault-Nissan y
Peugeot-Dongfeng).
La evolución de FIAT es muy ilustrativa de esta tendencia, puesto que
ingresó en Chrysler en 2009 bajo la dirección de un italo-canadiense,
manteniendo la propiedad de la familia Agnelli. La compañía se despegó
posteriormente del mercado italiano y dio lugar a una nueva empresa
internacionalizada (FCA) con sede legal en Holanda y domicilio fiscal en
Inglaterra

La revolución digital es el soporte tecnológico de esta mundialización
productiva. La velocidad de las innovaciones en la informática torna
obsoletos los nuevos productos, antes de agotar su comercialización. La
crisis no atenuó el vertiginoso ritmo de estos cambios. La expansión de
Internet con redes sociales ha generado, por ejemplo, una nueva
interconexión entre 1000 millones de usuarios. Los debates sobre la
propiedad intelectual y la nueva cultura audiovisual ilustran la
magnitud de la revolución tecnológica en curso.
El impacto de estas innovaciones sobre la productividad suscita un
intenso debate, que opone a los tecno-eufóricos con los
tecno-escépticos. La apología neoliberal del universo virtual que
despliega el primer grupo es impugnada por los heterodoxos del segundo
alineamiento, con argumentos que relativizan el impacto de los nuevos
mecanismos de producción flexible. (9)
Pero conviene recordar que el capitalismo siempre ha funcionado
introduciendo innovaciones que incrementan la tasa de explotación. Este
mecanismo se encuentra en el ADN de un sistema basado en la extracción
de plusvalía.
La revolución informática actual repite esa norma, pero generando
recortes mayores en el nivel de empleo. Esta pérdida de puestos de
trabajo se verifica en las fases de prosperidad y recesión, a medida que
se acelera la rotación del capital y se reducen los gastos de
administración.
Algunos críticos marxistas reconocen la presencia de esta revolución
tecnológica, pero objetan su alcance industrial. Estiman que la
productividad no se expande, ni genera mutaciones comparables a la
máquina del vapor o el automóvil. (10)
Pero esta caracterización reitera los diagnósticos keynesianos que
añoran el viejo capitalismo. Acepta sus cálculos de productividad para
las economías avanzadas y aprueba la omisión de estas estimaciones para
las economías asiáticas. Es evidente que la gigantesca expansión del PBI
chino se consumó junto a los grandes cambios de la informática, que
utilizan las empresas transnacionales para fabricar globalmente.
Es erróneo suponer que el capitalismo eliminó las revoluciones
tecnológicas luego de la era del automóvil. Este sistema no puede
prescindir de estas mutaciones periódicas, desde el momento que funciona
compitiendo por beneficios surgidos de la explotación. Esta
concurrencia obliga a los concurrentes a incrementar la productividad
para sustraer mercados a sus rivales. La informática simplemente repite
lo ocurrido con el vapor, los ferrocarriles, la electricidad, el
automóvil o los plásticos. (11)
Mundialización comercial-financiera

La fuerte expansión que han registrado los convenios de libre-comercio
se amolda al avance de la mundialización productiva. Las compañías
necesitan aranceles bajos y libertad de movimientos entre países para
concretar sus transacciones intrafirma.
La gravitación actual de esas empresas es enorme. Sólo 737 firmas
transnacionales controlan el 80% del valor accionario de las mayores
compañías del mundo y una crema de 147 maneja el 40% de esos títulos.
(12)
Como el comercio mundial no se interrumpió en el reciente sexenio de
crisis, estas tendencias han persistido. La caída registrada en el
volumen de transacciones durante el 2009 se recompuso, sin afectar el
eslabonamiento forjado por las empresas globalizadas.
La mundialización comercial continúa extendiéndose con los nuevos
mega-tratados que Estados Unidos negocia con la Unión Europea
(Transatlántico) y con los países asiáticos (Transpacífico). Obama
retomó las tratativas iniciadas durante la administración de Clinton,
bajo la presión de los sectores más interesados en ampliar la escala de
sus mercados (productos agro-genéticos, informática, automotrices,
bancos).
Estas negociaciones corroboran que la crisis no introdujo el giro hacia
el proteccionismo que pronosticaron algunos economistas. Al contrario,
persistieron los grandes bloques regionales (Unión Europea, Alianza del
Pacífico, ASEAN) y los convenios que mantienen entre sí los países
miembros de las distintas alianzas. Aquí radica la gran diferencia con
los años 30. La economía se encuentra más internacionalizada y se
estrechó el margen para recrear áreas monetarias resguardadas con
elevados aranceles.

Por estas razones tampoco hubo reversión de la globalización financiera.
En este campo se concentra la mayor escala de internacionalización del
capital. La desregulación de las operaciones, la integración de los
mercados y la gestión accionaria de las firmas que introdujo el
neoliberalismo ha persistido. Los capitales continúan fluyendo de un
país a otro con la misma velocidad y libertad de circulación que
exhibían antes del 2008. Estos movimientos siguen generando la explosión
de liquidez, el descontrol crediticio, la inestabilidad cambiaria y la
volatilidad bursátil, que sacuden periódicamente a todos los mercados.
Bajo el impacto inicial de la crisis abundaron las convocatorias a
reintroducir regulaciones, controles a los bancos y penalidades a las
ganancias especulativas. Pero no ocurrió nada. Todas las iniciativas
chocaron con la resistencia de los financistas, que volvieron a
demostrar capacidad de veto y creciente entrelazamiento con el capital
productivo.
Dos situaciones en la misma etapa
El avance de la mundialización no es sinónimo de sincronización del
ciclo económico. Al contrario, cada vez resulta más nítida la
coexistencia de situaciones diferenciadas. El crecimiento bajo o nulo de
Estados Unidos, Europa y Japón empalma con el continuado ascenso de
China y ciertas economías intermedias.
Este segundo bloque no tiene la pujanza suficiente para actuar como
consumidor global, ni para generar una desconexión compensatoria del
estancamiento en el centro. Pero su continuado crecimiento limitó el
alcance de la crisis.
Como resultado de esa combinación coexisten dos tipos de escenarios
dentro de la misma economía internacionalizada. Las empresas
transnacionales neutralizan la caída de un mercado con el desarrollo de
otro. Contrarrestan las pérdidas afrontadas en ciertos países con las
ganancias obtenidas en las localidades más prósperas. Este heterogéneo
contexto explica las modalidades diferenciadas que presenta en la
actualidad el neoliberalismo agobiado por las finanzas en el Centro y
basado en el productivismo en Oriente.
En ambas regiones se corrobora el mismo comportamiento turbulento de la
acumulación. No rige la expansión auto-sostenida que imaginan los
neoliberales, ni el estancamiento generalizado que suponen muchos
heterodoxos.
Frente a esta situación conviene ser cuidadosos con los contrapuntos
históricos. El período neoliberal no repite la depresión de
entre-guerra, ni la pujanza de posguerra. Conforma una nueva etapa que
perdura en la coyuntura pos-2008.
Este período incluye un funcionamiento cualitativamente diferenciado del
capitalismo. Este sistema tuvo una primera etapa de libre-comercio en
el siglo XIX, una segunda de imperialismo clásico a principio del XX y
una tercera de pos-guerra con mayor regulación estatal. El
neoliberalismo constituye la cuarta etapa del capitalismo.
Esta caracterización permite abordar los problemas actuales mejorando la
aplicación de la teoría de las Ondas Largas, para captar la
coexistencia de situaciones de recesión y crecimiento. Indagar sólo la
preeminencia de un ciclo Kondratieff descendente o de un período
contrapuesto ascendente genera múltiples problemas.
Los teóricos marxistas que postulan la perdurabilidad de un ciclo
descendente suelen remarcar la anemia de la acumulación. Reconocen que
el neoliberalismo restauró la tasa de ganancia, pero consideran que esa
recomposición no incrementó la inversión y la productividad. Explican
esa limitación por la dominación de los monopolios, la pérdida de
pujanza tecnológica o la gravitación parasitaria del capital financiero.
(13)
Pero esta mirada omite el fenomenal crecimiento de China y la expansión
cualitativa de la mundialización. Razona como si estos datos
constituyeran episodios menores o pasajeros, sin notar que modifican el
funcionamiento del capitalismo. Reitera imágenes de estancamiento
recogidas de los años 30 o 70, olvidando que este sistema no se
caracteriza por parálisis sin fin. Se desenvuelve ampliando la
explotación de los trabajadores para acumular beneficios.
Otros autores vislumbran la proximidad de una fase ascendente (en el
2018), al concluir un ciclo Kondratieff descendente que prolongó su
duración tradicional. (14)
Pero esta determinación cronológica exacta de los períodos largos es más
familiar al razonamiento schumpeteriano que a la tradición de Marx. Los
seguidores de esa concepción (que aceptan la problemática de los ciclos
largos) siempre objetaron las periodicidades fijas. Cuestionaron las
justificaciones basadas en la renovación del capital fijo o la
maduración de revoluciones tecnológicas, considerando que el dato
central de estos procesos es el imprevisible desenlace social de la
confrontación clasista.
Más allá de estas controversias, no existe hasta ahora ningún indicio de
reversión del bajísimo crecimiento de Europa, Japón o Estados Unidos,
que se requeriría para el debut de esa onda ascendente.
La atención puesta en dilucidar la primacía de un ciclo de regresión o
prosperidad de largo plazo obstruye el registro de la dualidad actual.
En esta etapa no perdura la homogeneidad, ni las fracturas de
pos-guerra. El centro ya no determina tan directamente la evolución
económica mundial y ha desaparecido el movimiento económico específico
que caracterizaba al bloque socialista. Probablemente los nuevos
movimientos de largo plazo se están amoldando al perfil de un
capitalismo más globalizado y de-sincronizado.
En cualquier caso es más productivo desentrañar las transformaciones
cualitativas en curso, que discutir la periodicidad cuantitativa de las
Ondas. El concepto de etapa contribuye a esta indagación. Permite afinar
los instrumentos conceptuales requeridos para captar la dinámica de un
período tan complejo. La evolución en curso no se esclarece con
preguntas simplificadas. No basta definir “si la crisis se profundiza o
atenúa” para comprender lo que está ocurriendo. Resulta indispensable
contextualizar esta convulsión en la nueva etapa que han estudiado
varios autores. (15)
Una crisis específica

El neoliberalismo cerró el período de convulsión predominante durante el
ocaso del boom de posguerra (temblores de 1974-75 y 1981-82). Pero como
siempre ocurre bajo el capitalismo el fin de ciertos desequilibrios
abrió nuevas contradicciones, que desembocaron en los estallidos
financieros y en la recesión de los últimos años. Dos décadas de
privatización, apertura comercial y flexibilización laboral generaron
esos torbellinos.
Las crisis de la mundialización neoliberal han sido muy frecuentes en
distintos puntos del planeta. Salieron a flote con la burbuja japonesa
(1993), la eclosión del Sudeste Asiático (1997), el desplome de Rusia
(1998), el desmoronamiento de las Punto.Com (2000) y el descalabro de
Argentina (2001).
El temblor global del 2008 tuvo una magnitud y un alcance geográfico muy
superior a estos precedentes, pero forma parte de la misma secuencia.
No ha sido una prolongación de crisis irresueltas de los años 70, sino
un resultado de contradicciones específicas de la nueva fase. Las
caracterizaciones que subrayan esta peculiaridad han clarificado mucho
más el contexto actual, que las interpretaciones centradas en explicar
el temblor reciente como una continuidad de la crisis iniciada hace
40-50 años. (16)
Las convulsiones de los últimos años no constituyen sólo desequilibrios
genéricos del capitalismo, ni efectos exclusivos de las políticas
neoliberales. Obedecen a ambas causas. Son productos combinados del
capitalismo neoliberal.
Esta síntesis ha sido acertadamente analizada por distintas
interpretaciones marxistas, que explican como la crisis emergió de un
sistema de competencia por beneficios surgidos de la explotación
(capitalismo) y de un modelo de ofensiva del capital contra el trabajo
(neoliberalismo). (17)
Estas caracterizaciones se ubican en las antípodas de la visión
neoclásica, que atribuye las crisis recientes a desaciertos de los
gobiernos o irresponsabilidades de los deudores. No sólo reducen todos
los problemas a comportamientos individuales, sino que culpabilizan a
las víctimas y apañan a los responsables.
La ortodoxia neoclásica presentó el temblor del 2008 como un episodio
pasajero y justificó con pragmatismo todos los socorros estatales a los
bancos. No registró que este auxilio contraría sus prédicas a favor de
la competencia y el riesgo. Pondera, además, a los países que presentan
menor resistencia al ajuste (Letonia, Irlanda) y despotrica contra las
poblaciones que enfrentan esa agresión (Grecia). (18)
Las interpretaciones marxistas también discrepan con las teorías
keynesianas, que explican la crisis por ausencia de regulaciones y
descontrol del riesgo. Estas visiones postulan resolver estos desajustes
con mayor supervisión bancaria. (19)
Pero suelen olvidar que los controles ya existen y son periódicamente
socavados por las rivalidades que oponen a los propios bancos. En su
idealización de las regulaciones desconocen que esas normas están
destinadas a proteger los negocios de las clases dominantes.
La heterodoxia convencional denuncia acertadamente el descaro de Wall
Street, la estafa de los ahorristas y el chantaje de las calificadoras.
Pero omite que la especulación es una actividad constitutiva y no
opcional del capitalismo.
Los keynesianos que buscan raíces más estructurales de la crisis actual
remarcan el deterioro del poder de compra que introdujo el
neoliberalismo (20). Pero no tienen en cuenta que el capitalismo actual
funciona incentivando el consumo y fragilizando los ingresos, mediante
la competencia laboral y la degradación del trabajo. El propio sistema
propicia metas contradictorias de ampliación de las ventas y reducción
de los costos salariales.
Tres explicaciones marxistas
En polémica frontal con estas visiones los economistas marxistas han
presentado en los últimos años tres explicaciones principales de la
crisis.
Una primera visión destaca que el neoliberalismo creó un problema de
realización del valor de las mercancías al contraer los salarios. Alentó
el consumo sin permitir su disfrute y amplió la producción estrechando
los ingresos. Estas incongruencias derivan en última instancia de la
estratificación clasista de la sociedad, pero fueron potenciadas por el
deterioro del poder de compra popular que introdujo el neoliberalismo.
(21)
Pero también conviene subrayar que ese desequilibrio no afectó a todos
los países con la misma intensidad. El modelo actual incluye una gran
expansión del consumismo y la riqueza patrimonial financiados con
endeudamiento.
Un segundo enfoque marxista pone el acento en los problemas de
valorización. Destaca que el neoliberalismo incrementó la tasa de
plusvalía y redujo los salarios, sin consumar una recuperación
suficiente de la tasa de ganancia. (22)
Pero como ese porcentual no es un número fijo, lo que debe evaluarse es
si esa recomposición alumbró un nuevo esquema de funcionamiento
capitalista. Dos décadas y media de neoliberalismo ilustran esa
concreción. Los desequilibrios actuales de valorización son resultado
del impacto que genera la tasa de inversión sobre un nivel restaurado
del beneficio.
La tercera caracterización marxista resalta la existencia de capitales
sobre-acumulados en la esfera financiera. Remarca las tensiones que
generan esos fondos a través de mecanismos de titularización, derivados y
apalancamientos. La internacionalización de las finanzas, la
desregulación bancaria y la gestión bursátil de las grandes firmas
agigantan esos desequilibrios. (23)
Pero es importante vincular estas transformaciones a sus determinantes
productivos, para evitar lecturas simplistas. Ciertamente el
neoliberalismo abrió las compuertas para un festival de especulación,
pero las mutaciones que introdujo con la multiplicación de títulos y la
gestión del riesgo han sido funcionales a la mundialización productiva y
comercial.
Las tres visiones marxistas ilustran cómo el neoliberalismo erosionó los
diques que morigeraban los desequilibrios del capitalismo. Por esta
razón el sistema opera con un grado de inestabilidad muy superior al
pasado.
Las coincidencias entre esos enfoques son mucho mayores que sus
diferencias. Divergen en la identificación de los mecanismos últimos de
una crisis que todos atribuyen al funcionamiento intrínseco del
capitalismo. El debate concierne a explicaciones teóricas y no entraña
divergencias políticas significativas. La vieja identificación del
sub-consumismo con el reformismo socialdemócrata y de la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia con la revolución social ha perdido
relevancia. En ningún lugar existen alineamientos orientados por esos
parámetros.
Esas compatibilidades pueden desarrollarse profundizando un abordaje
metodológico multicausal de la crisis, que indague como el capitalismo
se reproduce potenciando una amplia gama de contradicciones.
La heterogeneidad de la mundialización neoliberal es una manifestación
de esta combinación de desequilibrios. El modelo incentivó en las
economías centrales problemas de demanda, al contraer los ingresos
populares y aumentar la desigualdad. En las economías de alto
crecimiento introdujo, en cambio, desajustes de sobre-inversión y
potencial caída de la tasa de ganancia.
Por estas razones las crisis de realización que prevalecen en el primer
bloque, coexisten con los desequilibrios de valorización que despuntan
en el segundo. Los temblores financieros que sacuden a todo el sistema
expresan esta variedad de contradicciones estructurales.
Conflictos dentro del orden neoliberal
Ningún proceso económico esclarece por sí mismo el rumbo contemporáneo
del capitalismo. Si se omiten los cambios geopolíticos o se postula su
estudio en forma separada, resulta muy difícil comprender las
transformaciones en curso.
El rol de Estados Unidos, las reacciones de China y las actitudes de las
sub-potencias intermedias no operan como simples reflejos de exigencias
económicas. Se desenvuelven siguiendo tensiones geopolíticas autónomas,
en un escenario mundial estratificado por la dominación imperialista.
En este orden global las guerras inter-imperialistas por el reparto del
mundo colonial -que predominaban hasta la primera mitad del siglo XX-
fueron sucedidas por una gestión imperial asociada, bajo el liderazgo de
Estados Unidos. En ese escenario se registraron los choques con Rusia y
China y las permanentes agresiones a los países periféricos.
La interpretación de las nuevas situaciones que irrumpieron bajo el
neoliberalismo está dificultada por la variedad de coyunturas que ha
caracterizado a esta etapa. Basta contrastar la sensación de
triunfalismo imperial que prevaleció durante era Bush, con el reajuste
estadounidense de los últimos años para calibrar la magnitud de estas
modificaciones.
Habitualmente se distinguen tres momentos diferenciados de este período.
La fase de predominio bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética
(1985-89), el escenario unipolar de supremacía de la primera potencia
(1989-2008) y el contexto multipolar en curso (2008-2014). El colapso de
la URSS, la ofensiva belicista estadounidense y la conversión de China
en país central han sido los acontecimientos más determinantes del
pasaje de una fase a otra.
También en el período previo de posguerra se registraban mutaciones de
este tipo. Los momentos de ímpetu imperial eran sucedidos por etapas de
mayor gravitación del bloque socialista o del núcleo de países No
Alineados. Pero la relativa solidez de la divisoria planetaria durante
la guerra fría atenuaba el alcance de esas modificaciones. Por esta
razón los virajes actuales son más desconcertantes y generan abruptos
cambios de opinión entre los analistas. Un día describen la
invencibilidad de Estados Unidos y al otro retratan el fulminante
declive de esa potencia.
Para evitar estos vaivenes conviene recordar que el período neoliberal
se consolidó cuando fue aceptado por los principales actores del orden
internacional. Esta convalidación sucedió a la restauración del
capitalismo en el ex bloque socialista. Partiendo de esta coincidencia
en torno al sistema socio-económico mundial se desenvuelven los
conflictos comerciales, financieros y productivos. La competencia
económica y la búsqueda de mayor poder geopolítico operan al interior de
esa estructura.
Estas oposiciones se sitúan por debajo de un umbral de antagonismo y se
desarrollan sin quebrar la solidaridad de clases dominantes que existe
entre los rivales. Todos se alinean en la misma orbita de la opresión
social, acompañan la mundialización y aceptan con distinto grado de
entusiasmo la modalidad neoliberal prevaleciente. Las empresas
transnacionales operan como el gran conector entre los capitalistas
nacionales y los nuevos enriquecidos del Este y Oriente, que aspiran a
alcanzar la riqueza de sus pares de Occidente.
Esta coexistencia de intereses no elimina la disparidad de intereses en
juego, ni reduce la virulencia de la concurrencia, pero define el marco
en que se negocian las disputas. En el G 7, el Consejo de Seguridad o
últimamente el G 20 se determina cuál es el grado de consenso o disenso
que existe en torno a cada controversia.
Estas tratativas siempre penalizan a la periferia y ratifican la
supremacía del circuito imperial. También disimulan la asimetría militar
que mantiene Estados Unidos con el resto y consagran el status
ascendente o descendente de las sub-potencias y las economías
intermedias. Este escenario de choques en un ámbito acotado ha sido
comparado con el contexto histórico de “Concierto de las Naciones” que
sucedió al fin de las guerras napoleónicas. (24)
Este marco geopolítico del período neoliberal ha persistido luego de la
crisis del 2008. La convulsión económica no modificó el consenso en
torno a la mundialización. Estados Unidos reorganiza su intervención
imperial definiendo la agenda que asumen Europa y Japón. China asciende
con grandes vacilaciones sobre la forma de amoldar su escasa incidencia
política a su enorme gravitación económica. Las ambiciones
sub-imperiales de varias potencias emergentes chocan con su
vulnerabilidad económica y sus frágiles alianzas externas. La periferia
continúa padeciendo los mayores daños de este reacomodamiento.
Este nuevo escenario es también registrado por las visiones que destacan
la sustitución del viejo fordismo nacional por un nuevo post-fordismo
global. Pero este reconocimiento choca con su expectativa de gestar una
globalización progresista, basada en la competitividad compartida y la
redistribución internacional de los ingresos. (25)
No cabe duda que la geografía industrial del mundo se aleja del viejo
fordismo. Pero esta transformación se consuma con el activo protagonismo
de empresas transnacionales que rivalizan entre sí explotando a los
trabajadores. Este modelo de concurrencia por la extracción de plusvalía
impide el surgimiento de una globalización cooperativa. Imaginar la
forma que eventualmente asumiría un esquema sustitutivo antiliberal no
aporta clarifica el contexto actual.
¿Resurgimiento multipolar de las naciones?

Otra caracterización del escenario actual diagnóstica un declive del
neoliberalismo, frente al pujante avance de los estados nacionales que
priorizan el mercado interno y el proteccionismo. Pondera el desarrollo
industrial autónomo de China, Rusia e India que aprovechan los avances
ya alcanzados por sus antecesores (“catch up”). También pronostica el
inicio de un “siglo de naciones”, en un mundo multipolar con alta
fragmentación regional. (26)
Estos enfoques convergen con las expectativas de constitución de un
bloque contra-hegemónico en torno a los BRICS. El estado nacional es
visto como el principal artífice de esa posibilidad si afianza su
resistencia al neoliberalismo.
Pero estas miradas presentan la multipolaridad como un dato de la etapa
olvidando su carácter reciente. Tampoco notan el conflicto que existe
entre una variedad de centros políticos operando en torno a la
internacionalización de la economía. Suponen que existe plena
compatibilidad entre ambos procesos, sin notar cuántas restricciones
introduce la segunda tendencia sobre la primera.
La presentación de la mundialización como un escenario de oportunidades
es ingenua. Este marco no ofrece simples ventajas a los recién llegados.
Implica un protagonismo de empresas transnacionales que se expanden
seleccionando sus localizaciones, para garantizar los movimientos
financieros y el libre comercio.
La multipolaridad política no revierte la mundialización neoliberal.
Sólo modifica las relaciones de fuerza al interior de ese esquema. No
cambia la etapa prevaleciente, ni induce un retorno al capitalismo de
posguerra. Incorpora otra faceta al mismo orden global de las últimas
tres décadas.
Este sistema ha funcionado con poca flexibilidad en torno a estamentos
muy definidos. Los poderosos negocian acuerdos en el Consejo de
Seguridad y la OTAN a costa del resto. Este modelo no decae a favor de
otro basado en el resurgimiento de las naciones, por las mismas razones
que ha quedado atrás el capitalismo del siglo XVIII. La secuencia
histórica de mercados locales que forjan estados nacionales y luego
potencias mundiales es una norma del pasado.
Las esperanzas en un esquema multipolar antiliberal están actualmente
centradas en la evolución de China, Rusia o los BRICS. Pero estas
expectativas no suelen considerar la elevada conexión de esos modelos
con la mundialización neoliberal. Por eso sobreestiman sus diferencias
con las potencias imperiales y subestiman la aplicación de políticas
internas regresivas. Es falso, que el capitalismo funciona bien en los
BRICS y mal en las economías desarrolladas. Los desequilibrios del
sistema se extienden a todas partes.
Los teóricos del resurgimiento nacional estiman que el inexorable
declive de Estados Unidos abre espacios para ese renacimiento. Pero
también reconocen la continuada gravitación militar de la primera
potencia, cuando retratan el empantanamiento de proyectos alternativos a
esa primacía. Los fracasos del eje Rusia-Europa, del rearme autónomo de
Francia o del replanteo de la política exterior japonesa confirman ese
impasse.
Los propios previsores de un curso de este tipo resaltan la primacía de
las alianzas regionales, sin notar que esas tendencias difieren del
renacimiento nacional. Si los países emergen aglutinados en bloques lo
que repunta es el regionalismo, como lo prueban la Unión Europea, el
Tratado del Pacífico o el ASEAN. Pero esos bloques no desmienten, ni
contradicen la mundialización neoliberal.
Ciertamente existen muchas manifestaciones de renacimiento nacional.
Pero incluyen fenómenos muy contradictorios. A veces expresan la
resistencia popular a la cirugía neoliberal y en otros casos maniobras
derechistas y xenófobas para canalizar regresivamente ese descontento.
Sólo excepcionalmente estos procesos reflejan proyectos burgueses de
acumulación nacional, contrapuestos o divorciados de la mundialización.
Además, la utilización del disfraz nacional es muy frecuente en otros
casos, para justificar políticas sub-imperiales de opresión de los
pueblos fronterizos.
Es cierto que los estados nacionales continuarán cumpliendo un rol
insustituible. Pero ese papel deriva de la función medidora que cumplen
entre la internacionalización económica ascendente y la vieja
estructuración nacional del capitalismo. Del primer proceso no emerge
automáticamente un organismo estatal mundializado y el segundo
conglomerado no resucita el pasado. Los estados son utilizados por las
clases dominantes para desenvolver formas de acumulación más
internacionalizadas a costa de los trabajadores.
Los teóricos del renacimiento nacional conciben un desenvolvimiento
flexible del capitalismo que afianzaría múltiples polos de acumulación,
disolviendo las polaridades que emergen de la propia expansión del
capitalismo. Pero estas fracturas impiden un avance equivalente de todas
las economías. El ascenso de una debe consumarse a costa de otra,
puesto que el capitalismo enfrenta límites a su ampliación global, que
se manifiestan en las grandes crisis. Los rezagados deben cargar con la
cuenta de las expansiones que consuman los más avanzados,
imposibilitando a largo plazo la simple coexistencia de múltiples
procesos de acumulación.
El significado de la amenaza ambiental

Cualquiera sea la evolución predominante en el plano económico o
geopolítico la acelerada destrucción del medio ambiente afecta a todas
las alternativas. Este peligro acecha en los distintos escenarios. El
desastre ecológico tiende a acelerarse con el crecimiento débil en el
centro y acelerado en Oriente. Se agrava con los desacuerdos y con las
concertaciones entre potencias. Se profundiza con la unipolaridad y con
la multipolaridad.
Los últimos seis años han demostrado que el deterioro ambiental no
depende del ciclo. Ha persistido con la misma intensidad en la recesión y
en la prosperidad. Las crisis enfrían el crecimiento sin alterar el
elevadísimo consumo energético. Las emisiones de gas contaminante a la
atmósfera ya superan en un 70% los promedios de los años 90.
El sobreuso de combustibles fósiles ha creado un nivel de CO 2 superior a
cualquier otro momento de la historia humana. Las posibilidades de un
ingobernable aumento del nivel del agua de 5 a10 metros se multiplican, a
medida que la temperatura del planeta llega a los temidos niveles de
incremento de 2, 4 o 6 grados. En este último caso el impacto sería
catastrófico y podría retrotraer al planeta a la era de la glaciación.
(27)
Los anticipos más preocupantes de ese peligro ya están a la vista en la
dislocación de los glaciares o en el deshielo de Groenlandia y la
Antártida. Con su decisión de extraer shale oil e intensificar la
extracción de petróleo del Ártico, Estados Unidos continúa encabezando
la demolición del medio ambiente. Pero China le sigue muy cerca y Europa
no está lejos.
La reiteración de fenómenos climáticos extremos en los cuatro puntos
cardinales indica el grado de extensión alcanzado por el calentamiento
global. Las sequías son sucedidas por tormentosas inundaciones y las
oleadas de frío polar coexisten con agobiantes períodos de calor
tropical.
Durante el 2010 se registraron las temperaturas más altas de la historia
en 18 países. Rusia sufrió una marea de calor y gran parte de Pakistán
quedó sumergido en el agua. La falta y exceso de lluvia deterioró el
suelo de incontables países generando millones de víctimas. Ya nadie
duda del impacto de cambio climático, ni observa estas catástrofes como
episodios pasajeros. Los accidentes adicionales –como el gran derrame de
petróleo en el Golfo de México o el accidente de Fukushima- sólo
agravan un deterioro ambiental, que confirma las advertencias formuladas
por todos los especialistas.
Las alertas más recientes resaltan el impacto del cambio climático sobre
los rindes de la producción agrícola, como resultado del bloqueo a la
expansión natural de los cultivos que genera la acumulación dióxido de
carbono. Si la demanda de alimentos sigue aumentando y la productividad
agrícola queda afectada, las consecuencias serían muy graves para los
desnutridos. (28)
 |
| Contaminación en China |
Este desastre también amenaza cortar el ascenso de China, que se
desenvuelve consumiendo la mitad del cemento, un tercio del acero y más
de un cuarto del aluminio total. Algunos expertos estiman que los costos
ambientales se asemejan a su tasa de crecimiento. Siete de las 10
ciudades con mayor contaminación atmosférica del mundo se encuentran
allí y el 75% del agua en las regiones próximas a las ciudades ha
perdido condiciones de potabilidad. (29)
Las grandes potencias han desaprovechado la recesión para disminuir el
calentamiento global. El socorro que otorgaron a los bancos contrasta
con la carencia de cronogramas para alcanzar algún acuerdo de protección
de la naturaleza. El impasse de la Cumbre Rio (junio 2012) volvió a
ratificar ese empantanamiento. No hubo coincidencias mínimas para
detener el calentamiento.
Mientras las inversiones en energías limpias han caído un 11% en el
2013, la próxima cita para lograr un acuerdo será la cumbre de Paris
(2015). Los científicos de la Naciones Unidas exigen ir más allá de un
Protocolo de Kyoto que nunca se aplicó, señalando la probable irrupción
de un nuevo drama de los refugiados climáticos. (30)
La propuesta de crear un fondo de 30.000 millones de dólares para
reducir la emisión de gases es totalmente rechazada por los países
desarrollados, que a su vez confrontan entre sí a la hora de precisar el
aporte de cada uno a cualquier iniciativa. Siguen buscando formas de
traslado del problema a la periferia, para posponer las restricciones al
uso de los combustibles fósiles. Seguramente mantendrán esta actitud
hasta que algún descalabro mayor irrumpa brutalmente en los centros.
Los límites de un sistema
 |
| Bomba atomica contra Japon |
El desastre ecológico tiene un alcance comparable a las guerras
mundiales e ilustra como el capitalismo funciona generando cataclismos
periódicos, que desvalorizan o destruyen el capital sobrante. Pero el
potencial de la nueva demolición supera todo lo conocido.
La ausencia de conflagraciones inter-imperialistas ha dejado un vacío en
el aniquilamiento de recursos que tradicionalmente utilizó el capital
para oxigenar su reproducción. La reorganización destructiva del medio
ambiente no aporta un remedio equivalente a la depuración de capitales
sobrantes, mercancías excedentes y tecnologías obsoletas. Es un proceso
que amenaza la continuidad del género humano. Este peligro es conocido y
al mismo tiempo ignorado por las clases opresoras.
Esta dinámica del sistema puede conducir a la sepultura de toda la
sociedad. La irracionalidad del modo de producción vigente radica en
esta ceguera. La presión competitiva impide a las grandes empresas
frenar la alocada carrera contaminante en que están inmersas. Es
evidente que esa rivalidad conduce a la destrucción del entorno físico
en que se desarrolla la acumulación. Sin embargo, nadie logra detener la
rueda que empuja hacia el descalabro.
Lo mismo ocurre con los gobernantes que advierten contra un potencial
suicidio colectivo que no detienen. La presión competitiva que enceguece
a los capitalistas también afecta a los funcionarios que dirigen los
estados.
La reconversión global hacia un sistema energético basado en fuentes
eólicas o solares renovables se demora, a pesar de constituir el único
dique efectivo frente al colapso ambiental. Como los capitalistas se
benefician con la continuidad inmediata del status quo, resisten una
transformación que no puede postergarse. En el modelo energético actual
el 60% de las emisiones favorecen al 1,5% de la población de los países
más ricos.
Por esta razón los economistas ortodoxos cierran los ojos ante el
problema, esperando que el mercado defina espontáneamente los costos de
la corrección que asumirían los agentes. Sus adversarios heterodoxos
confían en un maná de remedios tecnológicos o en un brote de economía
verde que generaría negocios más rentables que la propia contaminación.
Mientras tanto todos juegan con fuego, esperando que las respuestas del
capitalismo aparezcan antes de la concreción de una situación
irreversible.
El desastre ambiental retrata los límites de un sistema que emergió en
cierto período y deberá desaparecer antes de arrasar a un desplome a
toda la civilización. La crisis actual puede ser vista en términos
históricos como un fenómeno múltiple que involucra la economía, la
alimentación o la energía. Pero la dimensión climática sintetiza los
contornos más dramáticos de esa convulsión. Retrata el principal aspecto
de senilidad del capitalismo, que ha quedado desfasado del tipo de
organización que requiere la sociedad.
Este divorcio es un resultado de las transformaciones generadas por el
capitalismo neoliberal. Algunos autores van más allá de este diagnóstico
y prevén un escenario de confrontaciones y estancamiento económico
hasta la disipación del caos (años 2040-2050), al cabo de un largo y
turbulento periodo. (31

Pero la catástrofe climática confirma el carácter turbulento de la
acumulación y no el inmovilismo del sistema. El capitalismo está más
corroído por su inmanejable desenvolvimiento que por su estancamiento
productivo o desborde financiero. Este descontrol de la acumulación
conduce a torbellinos que presentan aristas caóticas. ¿Pero se puede
fechar la conclusión de estos temblores en cierto momento del futuro?
Al establecer esa cronología se supone que los procesos históricos están
sujetos a una rigurosa periodicidad interna, determinada por fuerzas
ajenas a los sujetos sociales. Sólo con ese criterio se puede concebir,
que el desastre ambiental (o el agotamiento tecnológico, la estrechez de
los mercados y la caída de la tasa de ganancia) definirá un punto final
del ciclo sistémico, más allá del descontento o la resignación popular.
La experiencia indica que los momentos de giro de la historia siempre
han seguido otro patrón. Estuvieron determinados por la irrupción de
procesos revolucionarios y por enfrentamientos entre las principales
clases sociales. El comportamiento de líderes políticos y el peso de las
ideologías incidieron en forma decisiva en esta evolución. Ninguno de
estos procesos puede anticiparse con un calendario en la mano.
Las relaciones sociales de fuerza
El neoliberalismo se gestó con la derrota que impusieron el thatcherismo
y el reaganismo a los trabajadores en los países centrales. Se
consolidó con el posterior declive sindical y se acentuó junto al
cansancio político, que genera la alternancia de conservadores y
socialdemócratas en la gestión del mismo modelo. Este esquema se reforzó
con la desmoralización que produjo en la izquierda la restauración del
capitalismo en Rusia y China.
El modelo actual no perdura desde los 80 por sus éxitos económicos. Ha
incentivado crisis mucho más severas que en los años de pos-guerra.
Desencadenó temblores políticos y rediseños de fronteras, que contrastan
con el congelado del mapa mundial de la guerra fría. Introdujo un
inédito grado de erosión en los partidos y un desprestigio sin
precedentes del sistema político. Si en estas condiciones el
neoliberalismo perdura es por el retroceso social, político e ideológico
que ha impuesto a los trabajadores.

Este sector social continúa siendo el único antagonista del capitalismo
con capacidad para desafiar, derrotar y sustituir la dominación de la
burguesía. Por esta razón su repliegue le ha brindado tanto oxigeno al
sistema.
Esta pérdida de protagonismo de los asalariados explica el peso de las
nuevas ilusiones en el renacimiento de las naciones, en la potencialidad
de los estados o en la multipolaridad. La expectativa de introducir
transformaciones progresistas transitando estos tres caminos deriva del
vacío dejado por la menor centralidad de las luchas obreras, la
fragilidad de los sindicatos y los cuestionamientos al ideal socialista.
Este declive se revertirá al calor de triunfos populares que permitan
recobrar la confianza en la lucha. Pero hasta el momento el repliegue
impuesto por el neoliberalismo en la mayor parte del planeta se recicla
con la enorme mutación que está registrando el capitalismo. Estas
transformaciones incrementan los atropellos y generan nuevas
resistencias entre los oprimidos.
Las agresiones del neoliberalismo no han sido mayoritariamente impuestas
a través de confrontaciones sanguinarias. Las principales armas del
capital han sido la angustia del desempleo, la humillación de la
flexibilidad laboral, la desgracia de la pobreza y las bofetadas de la
desigualdad. En los países del centro utilizaron más la fractura social
que la virulencia física. De esta forma debilitaron pero no demolieron a
la clase obrera. Los trabajadores no han sufrido las heridas que
dejaban en el pasado los aplastamientos brutales de las rebeliones
sociales. Este dato permite la recomposición de la acción popular.
Siguiendo la misma dinámica de su aparición el cierre de esta etapa
neoliberal tendrá lugar con un desenlace impuesto desde abajo. Sólo con
triunfos populares se podrá revertir un período tan oscuro para los
trabajadores. Así ocurrió en el pasado y volverá a suceder en el futuro.
Las etapas de atropello nunca se eternizan y siempre son revertidas por
la resistencia social

Las oleadas de movilización conforman ciclos relativamente autónomos del
contexto económico y geopolítico. Son procesos más dependientes de las
experiencias sindicales, las tradiciones políticas y las ideologías
predominantes que del comportamiento del PBI o del grado de cohesión de
las clases dominantes.
Esta dinámica prevaleció en la etapa de crisis que antecedió al
neoliberalismo. Los avatares políticos que rodearon a la oleada
revolucionaria del 68 fueron más definitorios de ese periodo que el
agotamiento del keynesianismo o el equilibrio del poder entre Estados
Unidos y la URSS. Esta centralidad de la lucha social determinará cuándo
y cómo decaerá el neoliberalismo.
Las nuevas confrontaciones

Desde el estallido de la crisis reciente despuntaron numerosas luchas en
distintos puntos del planeta. Gran parte de estas acciones se
localizaron en los últimos dos años en las economías que mantuvieron
cierto crecimiento, sin padecer la degradación social que acosa a
Europa. Pero estas movilizaciones forman parte de un mismo proceso de
resistencia y se caracterizan por un gran protagonismo de la juventud
trabajadora, precarizada y desempleada
Con las anteojeras del liberalismo, algunos autores han interpretado la
irrupción callejera de jóvenes en Turquía o Brasil como una expresión de
la nueva clase media satisfecha con el consumo, que ahora busca
transparencia política y promoción social. (32)
Pero esa relación es una construcción totalmente artificial que
desconoce el sentido de las resistencias contra el ajuste y la
represión. Supone que la utilización de facebook determina la
pertenencia de los manifestantes a las clases medias, como si una nueva
forma de comunicación definiera posicionamientos de clase. Reduce las
batallas sociales a meros pronunciamientos contra la corrupción e ignora
como el desempleo y la informalidad laboral alimentan el descontento de
los indignados.
 |
| Occupy_WallStreet |
Otras caracterizaciones sensatas y ubicadas en el campo popular
contrastan estos movimientos con la oleada de manifestaciones
altermundialistas, que se registraron hace diez años. Remarcan sus
perfiles más nacionales y asocian la nueva irrupción a la crisis
iniciada en el 2008 (33). Ciertos planteos subrayan la pérdida de
atracción y capacidad de movilización de los Foros Sociales y convocan a
sustituir las banderas “altermundialistas” por proyecto de
“des-mundialización”. (34)
Pero estos contrapuntos son prematuros. El neoliberalismo es un
atropello mundial y percibido por sus víctimas como una fuerza
reaccionaria que opera a escala global. Es cierto que las tendencias de
movimientos sociales están cambiando pero sin un norte claro. Por el
momento impera una gran diversidad de focos de lucha sin primacía de
referentes nítidos.
 |
| Brasil |
Es importante notar que las movilizaciones han comenzado a emerger en el
interior de la primera potencia. El movimiento de “Ocupar Wall Street”
irrumpió sin generalizarse, como un síntoma de esa reacción.
Otro gran gigante que comienza a despertar se localiza en China. La
clase obrera protagoniza una ascendente oleada de protestas que tiende a
revertir el reflujo post- Tian An Men (1989). Estas resistencias
involucran a millones de trabajadores, en decenas de miles de huelgas,
que desde el 2009 han impuesto la actitud contemporizadora que prevalece
entre los funcionarios.
Los sectores dominantes buscan negociar concesiones con un proletariado
que ha crecido y asume una conducta muy diferente a la pasividad que
sepultó a la Unión Soviética. Esta intervención no determina aún el
rumbo de la sociedad china, pero ya anticipa la gravitación de un
próximo protagonista.
 |
| Egipto manifestacion |
Otro foco de lucha se ha localizado en el mundo árabe desde la gran
primavera que sorprendió al mundo e inicialmente impuso el derrocamiento
de mandatarios neoliberales en Egipto y Túnez. Posteriormente este
despertar derivó en un duro otoño y puede desembocar en un terrible
invierno, si se afianza la contraofensiva que despliegan el imperio y el
islamismo reaccionario.
Estas fuerzas están desangrando a la población en guerras sectarias que
facilitan la reconstitución del poder de los dictadores, los jeques y
los clérigos. Luego de lo ocurrido en Libia y Siria, nadie sabe si el
empuje democrático recobrará vitalidad o quedará enterrado por esa
agresión.
Pero el gran test de la pulseada entre el neoliberalismo y los
trabajadores se procesa en Europa. Esta región ha sido escenario de
grandes movilizaciones durante el último sexenio. En España las marchas
de resistencia contra los desalojos y el desempleo convergen con
demandas nacionales, debilitando a una monarquía que ha perdido el
consenso que mantuvo durante la transición.
Las manifestaciones de lucha en el Viejo Continente son numerosas del
Oeste (Portugal, Islandia) y en el Este (Rumania, Hungría, Eslovaquia).
Pero ningún país ha logrado actuar como catalizador del resto. El lugar
que tradicionalmente ocupaba Francia, como centro la acción callejera
continental no ha sido reemplazado. Esa gravitación se mantuvo incluso
bajo el neoliberalismo con las movilizaciones de 1984, 1986, 1995 y
1998.
 |
| Grecia Manifestacion |
La principal expectativa de modificación de las relaciones de fuerza se
ha trasladado a Grecia. Las protestas alcanzaron gran intensidad y
traducción política, en construcciones de izquierda que mantienen en
vilo al establishment. Pero la gravedad de la crisis confirma la
necesidad de acciones y programas radicales. Es la única respuesta
progresiva frente al despiadado ajuste que continúan imponiendo los
acreedores.
La radicalidad se ha tornado decisiva en el Viejo Continente frente al
cansancio que exhibe una población defraudada con la Unión Europea. Los
votantes emiten reiterados mensajes de oposición. Si estos rechazos no
encuentran una canalización radical en la izquierda, continuarán
alimentando la despolitización o el crecimiento de las corrientes
derechistas.
El voto castigo ya sepultó a 17 gobiernos europeos en la geografía
cambiante de la protesta. Pero ese descontento también genera el ascenso
de la extrema derecha, que maquilla su defensa del capital con banderas
de identidad nacional. Victorias populares en la calle son
indispensables para neutralizar esa amenaza y colocar a la izquierda en
un escenario favorable.
Pero las nuevas relaciones de fuerza que están emergiendo a escala
global se perfilan con mayor nitidez en América Latina. Lo que allí
sucede tiene actualmente gran incidencia y el análisis de esta región
nos conduce a nuestro próximo texto.
Ver también:
- Mutaciones del capitalismo en la etapa neoliberal (Parte II): Ascendentes, intermedios y periferia
- Mutaciones del capitalismo en la etapa neoliberal (Parte I): Economías centrales
*Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI
(Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz
Notas:
1) Piketty Thomas, “En ciertos aspectos las desigualdades son
actualmente mayores que en 1913”, 11/3/2014,
encampoabierto.wordpress.com. Piketty, Thomas. Le capital au XXIe
siècle, Seuil, 2013.
2) Kliksberg, Bernardo. “La explosión de las desigualdades”, 8/1/2014, www.pagina12.com.ar
3) Un ejemplo de este abordaje en: Llach, Juan. El desafío de la desigualdad, 15/04/2014, www.lanacion.com.ar
4) Toussaint, Eric. “Que faire de ce que nous apprend Thomas Piketty sur
Le capital au XXIe siècle” 10/4/2014 www.pressegauche.org
5) Piketty, Thomas. “Nunca ha habido tanta riqueza privada en el último siglo”, 13/4/2014, economia.elpais.com
6) Pettit, Jean Paul. A propos du Capital au XXI siecle de Thomas Piketty, 10/2/2014 www.contretemps
7) Rubinzal, Diego. “Mundialización de la producción cadenas globales”,
30/3/2014 www.pagina12. Ver: Andreff Wladimir. Les multinationales
globales. La decouverte, Paris, 1996.
8) Husson, Michel. “La formación de clase obrera mundial”, 8/1/2014, www.kaosenlared.net.
9) La primera visión Alex Tabarrok y la segunda en Robert J Gordon, La
Nación, 12/1/2014. Nuestra revisión de ese debate en: Katz Claudio. “La
concepción marxista del cambio tecnológico”, Revista Buenos Aires.
Pensamiento Económico, n 1, Bs As otoño 1996.
10) Sáenz, Roberto. “Perspectivas del capitalismo a comienzos del siglo XXI”, Socialismo o Barbarie n 20, febrero 2012,
11) Nuestro enfoque en Katz Claudio, Bajo el imperio del capital. Edición argentina, Luxemburg, diciembre de 2011 (cap 8).
12) Basterra, Juanjo. “737 multinacionales monopolizan” 1/2/2013 www.rebelion.org.
13) Foster John Bellamy, Chesney Robert, “Monopoly-finance capital and
the paradox of accumulation”, Monthly Review n 5, vol 61, october 2009
14) Roberts, Michael. “Tendencies, triggers and tulips”, Third IIRE Seminar on the Economic Crisis. Amsterdam, 15-2-2014.
15) Un abordaje de este tipo en: Harvey David, A brief history of
Neoliberalism, Oxford University Press, New York, 2005. Harvey David,
“El neoliberalismo como proyecto de clase” vientosur.info/ 08/04/2013.
16) El primer enfoque: Panitch Leo, Gindin Sam. “Capitalismo global e
imperio norteamericano”. El nuevo desafío imperial, Socialist Register
2004, CLACSO, Buenos Aires 2005. El segundo en: Brenner Robert, “The
economics of global turbulence”, New Left Review 229, May-June 1998
17) Nuestra visión en polémica con los autores neoclásicos y keynesianos
en: Katz Claudio “Interpretaciones de la crisis”, La crisis capitalista
mundial y América Latina”, CLACSO, Buenos Aires, 2012.
18) Greenspan Alan 2010 “The Crisis Greenspan Associates LLC” en
www.brookings.edu, Ocampo Emilio, “Cuando el remedio es peor que la
enfermedad”, ambito.com/diario 11/01/2013. Raghuram Rajam, “El boom
commodities crea problemas”, www.ambito.com/noticia 23/08/2012.
19) Stiglitz Joseph 2010. Caída libre. (Buenos Aires: Taurus). Wyplosz
Charles, “En Europa habrá una enorme reestructuración de la deuda”,
www.ambito.com/noticia. 27/07/2012.
20) Aglietta Michel, Berrebi Laurent 2007. Desordres dans le capitalisme
mondial (Paris : Odile Jacob). Bhaduri Amit, Cesaratto Sergio, Palma
Gabriel, “Economistas heterodoxos”, www.pagina12.com. 19/11/2012.
21) Husson Michel, Capitalismo puro, Maia Ediciones, Madrid, 2009, -Bhir
Alain, “Le triomphe catastrophique du neoliberalisme”, 10-11-2008,
Presse toi a Gauche, Canadá.
22) Harman, Chris Zombie Capitalism, Bookmarks, 2009. Kliman, Andrew.
“The destruction of capital and the current crisis”, January 15, 2009,
http://www.permanentrevolution.net/entry/2760
23) Chesnais, Francois. “La recesión mundial: el momento, las
interpretaciones y lo que se juega en la crisis, Herramienta 37, marzo
2008, Buenos Aires.
24) Anderson, Perry. “Algunas observaciones históricas sobre la
hegemonía”, C y E, año II, n 3, primer semestre 2010. Anderson, Perry.
“Apuntes sobre la coyuntura actual”, New Left Review, n 48, 2008.
25) Lipietz, Alain. El mundo del Post-Fordismo, Ensayos de Economía
n°12, vol.7, Julio 1997. Strange, Gerard “Globalisation, structural
dependecy theory and regionalism, 2002, citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/
26) Sapir, Jacques. El nuevo siglo XXI, El Viejo Topo, 2008, Madrid, (pag 33-34, 149, 162, 92, 258-259).
27) Tanuro, Daniel. “Energy transition and anticapitalist alternative”,
Third IIRE Seminar on the Economic Crisis. Amsterdam, 15-2-2014.
28) La Nación, Un viejo pronóstico de hambruna podría hacerse realidad, 6/4/20,www.lanacion
29) The Economist, China, “Special Report”, 2008
30) El País No queda margen, 15/4/2014, elpais.com
31) Wallerstein, Immanuel. The Modern World-System IV: Centrist
Liberalism Triumphant, 1789-1914, University of California Press, 2011,
Preface. Wallerstein, Immanuel, “E se nao houver saida alguma”?
www.outraspalavras.net, 17/08/2012.
32) Es la nueva tesis de Fukuyama, Francis en. La Nación, Rebelión
mundial: los nuevos dueños de las calles 7/7/2013, www.lanacion.com.ar
33) Gerbaudo, Paolo. “Son movimientos nacionales”, 8/7/2013, www.pagina12.com.ar
34) Cassen, Bernard. “Ha llegado la hora de la "desmundialización",17/9/2011, www.rebelion.org
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