Domingo 5 de mayo de 2013, p. 2
los niños no llegan desayunados a la escuela; tienen hambre, y ¿uno qué hace como maestro?, pues aunque sea buscarles una tortilla con sal.
se nos cuela hasta el aula.
llegan al salón nomás a sentarse. Cansados, enojados, violentos y sin comer, pero aún así buscamos incentivar su aprendizaje. Es duro, porque nos hace falta de todo.
ya es un hecho. Sólo falta que la legalicen, porque de los apoyos que piden a los padres de familia sale para pagar la luz, a quien limpie la escuela, arreglar un baño o la letrina y tandear agua. Los materiales didácticos los ponemos nosotros.
resistenciaen las comunidades más pobres del país frente al modelo de enseñanza que quiere imponer el gobierno federal.
no se rescata su cultura, sus saberes como pueblos originarios ni los aprendizajes que tienen los niños. Los planes de estudio no consideran su realidad ni los incluyen como parte del proyecto educativo.
no sólo es por la defensa de nuestros derechos, que sí queremos preservar, pero también deseamos que la sociedad comprenda que salimos a defender a nuestros alumnos y a los propios padres de familia.
que lean la reforma. Analicen sus implicaciones, platiquen con sus maestros, conozcan la realidad de sus escuelas. Hoy la cuota ya no es voluntaria. Con la reforma se va a legalizar un modelo donde los recursos vendrán del bolsillo de los padres.
fue resultado del esfuerzo de los propios padres de familia. Lo poco que tenemos sale de las cuotas escolares.
Hace más de dos meses que solicitamos apoyo para recibir los desayunos escolares, porque los niños no siempre comen, pero hasta ahora nadie nos ha dado respuesta, dice.
sólo del esfuerzo de la comunidad, porque la Secretaría de Educación Pública únicamente dio, y con años de demora, la clave oficial del plantel.
nos organizamos para ir acondicionando un terreno, que después pagamos e incluso ampliamos con la compra de otro predio entre maestros y padres de familia, quienes hasta hoy nos cooperamos para pagar todos los servicios, señala.
Hay deterioro de las aulas, lo que nos obliga a dar clases en tejabanes. No tenemos las mejores condiciones, pero hacemos todo lo que está en nuestras manos para dar una educación de calidad.
Los niños no tienen ninguna comodidad. No hay camas ni estufa en la casa. Y con esas condiciones llegan a la escuela con hambre. Muchos se aguantan, pero buscamos darles aunque sea una tortilla con sal, porque nuestra tarea no sólo es educar. También hay que estar comprometido con la comunidad y enfrentar sus carencias.

























